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Por FRANCISCO MONTORO |
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Entre 1800 y 1804 las provincias meridionales españolas se ven azotadas por desventuradas epidemias de fiebre amarilla. En 1800 la enfermedad afectó a Cádiz y Sevilla; en 1803 a Málaga; y en 1804, a Málaga, Sevilla y Cartagena.
La epidemia de 1804 significó, tanto por su extensión como por su virulencia, una de las mas dramáticas catástrofes ocurridas en la Andalucía contemporánea. Y, sin duda, la mayor desgracia acaecida en todos los tiempos a Vélez-Málaga.
Por lo que respecta a esta terrible enfermedad en relación con la capital de la Axarquía, hay que hacer notar que ya en 1800 y 1801 unos brotes esporádicos de fiebre amarilla producen varias víctimas en la población, obligando a poner en cuarentena a quienes sufren el contagio, para lo que se eligen como lazaretos una hacienda situada en el término de Cabrillas, una casa enclavada en las inmediaciones de "El Prado" (propiedad de don Francisco de Ortega) y la Ermita de Nuestra Señora de la Cabeza, a la que muy pronto se habrá de unir el cementerio de la ciudad.
Por aquel entonces la población real veleña debía oscilar alrededor de los 12.000 habitantes, y era corregidor don Dionisio María de Montalvo, cuyo mandato se extiende desde 1791 a 1803.
En 1801, para complicar las cosas, se produce una terrible tormenta que arruina cosechas y convierte en arenales a las huertas.Y en 1802 dos nuevas pequeñas catástrofes vienen a ensombrecer nuestro panorama económico. De un lado una plaga de cigarrón, y de otro, los daños que producen las colmenas en huertas y viñas.
En 1803 es nombrado nuevo corregidor don Ignacio Noriega y Robledo. Son momentos en que llegan a Vélez-Málaga numerosas familias malagueñas que vienen huyendo de la epidemia que asola a la capital de la provincia. Tal vez ellos, sin saberlo, trajeran a la capital de la Axarquía el terrible mal que va a acabar con miles de veleños. La enfermedad no va a hacer distinción de edad ni condición, terminando, incluso, con la vida del nuevo corregidor.
Ya el 13 de enero de 1804 un terremoto sumerge en el pánico a la ciudad y sirve de presagio de los tristes trances por los que ha de pasar Vélez-Málaga durante este aciago año.
Cerca de cinco mil personas encuentran la muerte en Vélez-Málaga en 1804 a consecuencia de la epidemia de fiebre. Muere el corregidor y casi todos los regidores, así como la mayoría de las personas destacadas de la población, dándose el caso, incluso, de que, desde septiembre a diciembre, no llagan a celebrarse las reuniones del Cabildo por las devoradoras acciones de la calamidad.
Es presidente de la Junta de Sanidad don Pedro Antonio Enríquez Bravo. Por disposición suya se incomunica totalmente a Vélez, se cierra el puerto de Torre del Mar, se queman y entierran los cadáveres contagiados, se construyen lazaretos y se ofrecen premios a quienes comunican los nuevos contagios. Cada día amanece más lúgubre que el anterior. Se precipita la emigración clandestina de familias, la fuga de empleados y curiales, la confusión, el desorden, el caos...
En estas circunstancias un hombre de singulares valores, don Ignacio de Liaño y Córdoba, Ministro General de Hacienda y Guerra de esta Costa, así como subdelegado de todas las Reales Rentas y fundador de la Sociedad Económica de Amigos del Pais de Vélez-Málaga, espectador dolorido de tan lastimosa catástrofe accede al nombramiento que le hace la ciudad (el resto de los hombres que quedan) para ocupar la real jurisdicción.
El nuevo corregidor-regente, crea de inmediato nueva Junta de Sanidad, se encarga de la administración de correos, pone orden, en la medida de lo posible, en el caos administrativo, documental y tesorero, construye hospitales, agencia abundantes alimentos y medicinas, determina el enterramiento de cadáveres en zanjas alejadas de la población, ordena sin demora la quema de ropas de los contagiados y exhorta a los pueblos vecinos a que socorran a sus hermanos que se hallan en tan amarga suerte...
La epidemia de 1804 es la mas grande desgracia conocida ocurrida a Vélez-Málaga. Desde mediados de agosto a finales de noviembre murieron mas de cuatro mil personas, "muchos cadáveres - nos dicen las actas capitulares - fueron pastos de perros y buitres y la mitad de las casas quedaron cerradas."
En 1805 se nombra nuevo corregidor a don Josef Bravo y Heredia. En lo posible la ciudad se encamina hacia la normalidad, y la Virgen de los Remedios, patrona de la ciudad, que durante esta época aciaga había sido llevada a Santa María, vuelve a su ermita-santuario.
En el acta del cabildo del 6 de noviembre de 1806, se puede leer:
"...Para suplir esta despoblación y gozar de la equidad de los arrendamientos de las casas, pues muchas se dan de balde porque las habiten, se han venido centenares de forasteros que se ignora su procedencia y costumbres, como también, si huyendo de la justicia han dejado sus anteriores domicilios; que de éstos se notan muchos sin ocupación y al mismo tiempo se advierten continuas raterías, particularmente en las huertas, cuyas versas y frutos asolan todas las noches..."
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